Por favor, ¡ cuiden ese horizonte impositivo ¡


Porque es nuestro, caramba, de todos, de los presentes y de los futuros, de los que somos y de los que serán. Y la cosa admite la comparación de los físico, de lo urbano, en este mi pueblo que pide portazo definitivo a los hormigones desmedidos, las alturas sin sentido y las más variadas agresiones a la estética popular. Porque siempre, siempre sonaron voces,  y sonaran allí donde las voces suenan, frente al Ayuntamiento, entre motivaciones políticas, ideológicas o laborales, presiones de grupo, de sindicatos o de voluntarios, voces censoras al hilo de derribos, expolios o ataques a la mínima razonabilidad arquitectónica.

Y así, entre bromas y veras, el horizonte, nuestro horizonte vital nos ha ido variando entre otoño y otoño, muchas veces, casi sin darnos cuenta.

Y ahora, pongamos por caso, que hablamos de nuestro horizonte vital, de ese que habla de nuestro proyecto de vida, de la edificación de nuestros hijos, de ese coeficiente de edificabilidad que comprende la disponibilidad de nuestros ahorros, si los tenemos, y la previsibilidad de nuestras inversiones.

Así se construye nuestro hoy, ya casi seguro, nuevo impuesto sobre el patrimonio, concepción arquitectónica atrasada y pasada de moda, edificación impositiva ineficaz, inútil y desmoralizadora para muchos.

Mucho habrán oído ustedes de tipos impositivos confiscatorios, de duplicidad de impuestos, de economía sumergida, de capitales que huyen hacia horizontes más “tropicales”.

Aquí, en Sanlúcar, seguimos contando  con nuestro IBI, impuesto sobre el patrimonio en la esfera local, igual que contamos con los horizontes de la calzada o de las piletas con Doñana al fondo, quizá, al final de año, o quizá no, también con el nuevo I. sobre el Patrimonio, por aquello de la no retroactividad de las figuras impositvas.

Contaremos con el irpf, con los tributos locales, los impuestos sobre transmisiones patrimoniales, el iva, los peajes de aquí y de allá, el impuestos sobre sucesiones, la gasolina, el impuesto sobre la plusvalía de los terrenos…. Vamos que está diáfano y claro el horizonte impositivo a la vera de la mar o de la estepa, horizonte arbolado y ajardinado, llano y riente, de mil y una plantas carnívoras.

Lo soñable, quizá sea ese político ejercicio discrecional de la modestia, esa rara virtud madre de otras muchas, esa capacidad de rectificación generalmente tan contraria a aquello tan frecuente y tan racial de “sostenella y no enmendalla”.

Soñemos con ese golpe de timón y cambio de rumbo, en ese “óigase a la ciudadanía”. Porque quien sabe escuchar, sabe gobernar, qué duda cabe. Es un axioma viejo, tan viejo como el mundo.

eduardo dominguez-lobato rubio

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Entre Empresas Familiares

Ayer, a medio día, como dentro de una caja mágica, tuve la fortuna de escuchar flamenco, y oler a vino y , a la vez, tocar y rozar  aquellas botas de roble viejo, pintadas con tiza por otros ilustres, algún día.

Estábamos en esa que llaman la catedral del vino, con Rosario Barbadillo, a modo de guiadora por esos mundos de la vinatería, por esos mundos que Bodegas Barbadillo remata entre museos, vides despiertas en la bienvenida, el velo de flor y mil razones para el encantamiento.

Y estábamos junto a Laura Vital, cantaora profunda, elegante, rigurosa y certera en el flamenco. Era como una mañana marinera de cal y coplas, de espuma salada y manzanilla, de colombianas entre cantes de ida y vuelta y de fandango tendido a los pies de esta bodega.

No es lo mismo escuchar flamenco en su sitio que en otro, igual que no es lo mismo acariciar un catavino de manzanilla tocando con la otra mano la andana de roble viejo en segunda, que en otro lugar distinto.

Sencillamente maravilloso, maravillosamente sencillo, elegantemente dibujado el cante entre las caras ensimismadas de todos los  presentes.

Y el embajador preguntaba:

-¿ qué es el duende…

El duende pudiera ser una vuelta de rosca más en el ejercicio del arte del cante, es como afilar el lápiz, como apurar la última gota de “pedro ximenez”,  es la esencia, el último filtro antes de que el arte nos haga rozar las propias palabras y las notas de esa garganta.

Y me sentía como con las puertas abiertas, como sin nada que decir y todo por sentir, oídos despejados, paladar madurado por los matices del vino y del olor, entre uva recién cortada y la solera de muchísimos años.

La gente, ya les digo, atenta, receptiva, entendida, comedida, sensible, algunos, herederos de viejos saberes cantaores otros, más recientes admiradores del cante y dos, los embajadores de nuestras Chile y Filipinas, nuevos en esto, sorprendidos, envueltos en el celofán del cante desde el primer saludo hasta la despedida. Y todos conscientes de que Laura, la cantaora, dejaba con su voz joven muestra de cientos de años de cante hondo aprendido en mil y una veces, dos mil cuartillas, y tres mil sones de guitarra.

Gracias Laura, gracias Eduardo Rebollar, guitarrista mágico cuando vuelves de Sevilla, gracias Rosario Barbadillo porque así, entre todos, las cosas son más fáciles, mas autenticas, como el runrún de la marea, ciertas y apetecibles.

eduardo dominguez-lobato rubio

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Vuelve la lluvia

 

Quizá pronto pero vinieron, sí, ha llovido como si fuera otoño, entre vendimias, entre los olores a mosto y a trasiego, gotas de agua, limpiadoras de todo ese polvo del verano que nos arrastraba hacia la pereza.

Y nuestro escepticismo tiene razón y fundamento en el hecho de que lo que otro tiempo eras restricciones de suministro de agua ahora lo son de presupuestos, de gastos comprometidos, de inversiones salvadoras.

Ciudadanos había que en aquellas restricciones llenaban bañeras, cacharros y botijos y, ahora, después de tantísimas restricciones familiares, económicas y laborales no quedan ya sino charcos de ahorrillos maltrechos, domesticados, restringidos, acomodaticios a los tiempos austeros y grises.

Así que cayeron estas primeras gotas de lluvia, y como  chaparrón social de cada día se oyó alguna voz por la calle que gritaba, “sálvese quien pueda”.

Y es que mucho tienen que ver las restricciones de la sequía, antigua sequía, con estas escaseces de lo económico, cuando a todos nos gustaría la menos dos horas al día de “grifo” abierto, de alegría monetaria, porque siempre encontraríamos manera de exprimir de tal modo ese par de horas de grifo de abundancia que, al final, el consumo superaría con largueza el raquítico tejemaneje de esta crisis ya tan vieja.

En fin, ha llovido y es como si nos lloviera la esperanza, la juventud y la fe en nuestras cosas. Porque huele a hierba, a tierra mojada y lo mejor de la lluvia es que, de alguna manera, empequeñece los problemas colectivos, infunde en el personal cierta sensación de alivio y un saludable optimismo, como si sirviera para llenar los aljibes de esa moral nuestra tan maltratada ya.

eduardo dominguez-lobato rubio

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Después del verano… impuestos

Quevedesco, satírico libelo, en palabras juguetonas, mordaces, tenaces, vedaderas, bien pensadas, al borde de las retamas de este decadente mes de a gosto.  Burlonas  para dias entretenedores que salvo las horas de la atardecida, nada han cambiado… todo sigue igual

- perfectamente en serio, perfectamente en broma…    e.d-l.r.

                ACUERDOS  EN LA CORTE  SOBRE LIMITACIÓN DEL DÉFICIT

Si en el monte hay reunión de rabadanes
mortandad de borregos se aproxima,
que el poder siempre queda por encima
con su corte de golfos y truhanes.

No contamos ni entramos en sus planes,
no gozamos de crédito ni estima,
somos versos perdidos de una rima
que componen banqueros y rufianes.

Los mercados indican el camino,
atención al Producto Interior Bruto
o a Don Riesgo, su prima y su sobrino.

Y se cumple la ley de San Canuto:
que el que no sea político y astuto
sufrirá de famélico destino

y no habrá quiromante ni adivino
que calcule el impuesto o el tributo
que tendrá que pagar con rostro enjuto
el currante, el campero o el vecino.

fdo.: cagancho

 

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Las carreras de Sanlúcar

Y llegan en dos ciclos, las carreras de caballos de Sanlúcar, llegan en estos días, desde ayer, hasta mañana, subidos a caballo, de una u otra forma, desde las casetitas de apuestas de los niños  hasta las apuestas oficiales, dentro del recinto.

La playa queda dominada por caballos y sus jinetes a modo de Robinsones a su manera, entre Bajo de Guía y Las Piletas, aquí en este rio, en  esta mar, en esta barra del Guadalquivir, salvaje y domesticada a la vez. Con resonancias de paraíso y aventura, cuando desde el mismo atardecer tantas maravillas se ofrecen a la vista, goce en la soledad razonable, naturaleza casi intacta y feliz, primitivismo domesticado, Doñana, al fin y al cabo.

Y salieron los primeros caballos de la tarde, con sus colores, con sus pisadas, con sus locuras, con sus soberbias, haciendo temperatura muscular en ese trote medido, desde las piletas hacia Bajo de Guía, donde aparecen dispuestos los cajones de salida.

Y las gentes los observan desde sus sombrillas, ven colores, mantillas con números, crines negras y color miel, y apuestan, en línea con su propia sombrilla, de forma y manera que hay una y mil llegadas, cada uno tiene la suya, cada cual tiene su escenario de meta imaginaria, y después, unos niños que saltan de alegría y otros que sufren por perder esos 10 céntimos de la apuesta.

Y quizá sirvan estas carreras de caballos como conquistada ruptura o soñado paréntesis con los engorros cotidianos y perennes.

Así que, ayer, entre las arenas rubias y las olillas de la bajamar, caballos, voraces de pisadas por venir, casi como perseguidores de la puesta de sol en un correr hacia el infinito.

Y en el horizonte, ese respaldo vegetal, pinos verdes conquistadores entre bonanza y malandar.

Por resumir, carreras de caballos, otra vez al tajo, como dijo el otro. Aperitivo social a la caída de agosto, personas y personalidades, fama y famosos, fotos, periodistas cámaras  y acción. Porque las Carreras son mucho más que caballos, cierto que no a todos parece apetecerles ni todos la bendicen y animan pero lo cierto y verdad es que la sociedad se mueve, sanlucar se viste de gran fiesta, las señoritas lucen tacones y lentejuelas sobre el albero bien cuidado de la carpa central y luego… los palcos, amigos, más fotos, hasta Carmen Lomana nos acompañaba anoche y Fernando Hierro, y Aldolfo Aldana y Ramon Calderon y Alex de la Iglesia.

A todos, a Sanlúcar, nos hace falta . al menos una vez al año, esta improvisada Alfombra Roja del papel couche. Y ayer, y el año que viene, también, carreras de caballos.

eduardo dominguez-lobato rubio

 

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La moral del verano

Dicen los viejos del lugar que desde hace años  no viven estos calores de hoy,  agobiantes entre la siesta y el levante.

En realidad, siempre escuchamos y decimos lo mismo y, al fin y al cabo, poco importa cuando después de todo, julio y agosto significan exactamente eso, calor, calor y playa, terrazas al aire libre, mundo, demonio y carne sueltos por la calle y a vivir que son dos días.

Porque el verano y el calor nos multiplican el espacio vital, nos proyectan hacia apetecibles vivencias exteriores y, en definitiva, nos alegran y ensanchan la existencia, de manera que el personal, liberado de limitaciones y estrechuras en pisos y viviendas, sale lanzado a la pequeña aventura de trastocar hábitos y costumbres porque para eso están las playas, los chiringuitos y esos espacios abiertos donde nos plantan las butacas, mecedoras y cubatas.

La cuestión es vivir, vivir a tope dentro de lo que cabe, que para eso ancha es Castilla y pelillos a la mar. Porque lo del top-less suena ya a monotonía paisajística y los arrumacos en sombrillas y toallas parecen como los movimientos repetidos y acostumbrados de la mantis-religiosa que avanza por su sendero.

Así que esta es otra moral, mucho más ancha, dispersa y flexible que aquella moral del invierno. Y es que la moral nunca fue concepto inmutable y ciclópeo, qué va, de lo más acomodaticia y permeable.

Nuestros tiempos de cambios fulgurantes nos proporcionan ejemplos clamorosos en color y ropaje de la moral aceleradamente cambiante en estos últimos treinta años, los que van desde aquella adolescencia nuestra de bailes apretados y besos de anochecida a esta moral vestida hoy de transparencias cuando no de ausencias de vestuario.

Así que aquí nos vemos, otro muro que ha caído ya, bajo el ariete de la simple comodidad, lo del rigor en la calle se nos ha mutado en la más sencilla y apabullante de las comodidades, otra cosa es , que alguno, con el tipito trastocado por chancletas y patanloncitos cortos, cuando no mallas, más bien parezca personaje del bombero torero, pero ese es otro cantar.

Así que se acabaron los decretos en el vestir, diluidos están los decretos por sistema, ahora corren otras aguas, y es que el reloj ha dado ya muchas vueltas, aunque siempre nos quedará lo inmutable de la mar, ese que ahí, sigue abierto, sereno, acogedor, universal, ahora igual que hace quinientos años.

eduardo dominguez-lobato rubio                       Rubio Alpresa  colabora con el proyecto

Fundación Puerta de América  www.sanlucar2019-2022

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Algo de Historia, bajo la sombrilla

Y seguimos de veraneo en estas playas de Sanlúcar, y es que aquí siempre hubo historias con minúsculas e Historia, con mayúsculas.  En aquella Sanlúcar, conventual, ducal, guerrera o imperial. Porque mucho tuvo de jardín abierto, de alta y esbelta bienvenida, rematada por esas cresterías de piedra labrada del castillo de las siete torres, como si fueran los encajes de estas aguas abiertas.

Y entre las calles, los jardines, los arcos también de piedra tallada, cancelas abiertas, en espacios donde crecieron araucarias, palmeras y naranjos.

Esta fue desde siempre la Sanlúcar de Historia e historiada, de jazmines y galán de noche, la Sanlúcar de esas flores blancas que se abren sólo cuando comienza a anochecer.

Son los siglos, que por aquí pasaron, Sanluqueño también siglo de oro, de personajes barrocos, cargados de florituras los unos, agiles, elegantes e incipientes otros, osados, valientes e intrépidos, los más.

Porque aquellos ojos transeúntes del ayer vieron  paredes pintadas, bóvedas de filigrana, rancios escudos en relieve, calderas granates, castillos y leones, y señales de feudos y dominios.

No es la casual fortuna la que colgó en los atrios y presbiterios altas pinturas al fresco o los dorados y estucados de las nerviaciones de las cúpulas. Porque esta Sanlúcar de ahora, la de nuestros días, bajo la capa efímera de la pintura ocasional ,sigue teniendo los muros gruesos de sillería, las naves y las capillas, la iconografía sonora y la patina musical de más de cinco siglos.

Y no es ni fue la casual fortuna, hablamos de tierra estratégica, de mar encauzador de gestas, de voces decididas, de capitanes de la mar océana que impregnaron su halo personal como si fueran solemnes voces monacales que perduran siglo tras siglo y que esperan hoy, desde ayer, el aire nuevo y limpio para diseminar las semillas de esta Historia, de esta Sanlúcar, de estos navegantes, de esta llamada de partida que ahora vibra en el aire.

Los personajes, quizá hayan pasado, pero en el recuerdo, en lo escrito, está la esperanza de repetir esas mil y una gestas que abanderen a Sanlúcar en este siglo XXI, aún niño chico que corretea juguetón por estas playas de Bajo de Guía.

En aquel tiempo, en aquellos días, la playa sonaba a ilusión, las calles a mercaderías, las iglesias a cruces americanas, las plazas eran como campanas de gloría, las tabernas tocaban a cruce de espadas, los miradores pintaban a rey de oros y el Palacio de los Duques, el Palacio siempre fue el Palacio…

Eran misas cantadas, eran pregones mercaderes, eran como días de fiesta para esta Sanlúcar, recibidora y alegre, acogedora y capaz, aterciopelada y globalizadora, ayer, hoy y siempre.

Porque esta Sanlúcar , Puerta de América, era para el continente americano como el altar mayor, dibujado por columnas salomónicas, altas y solemnes, desde el cual se oficiaba el Nuevo Mundo, la incipiente división geopolítica, esa Nueva España imperial y fructífera entre naos de ida y vuelta.

Así embarcaron y desembarcaron, una y mil veces, claustros enteros de frailes blancos y negros,  soldados de lanza dispuesta, capitanes despertados por la mar de leva, floridas señoritas, rufianes, garambainas, mil caballos, un sinfín de mareantes y toda la gente del mundo, al fin y al cabo.

Y luego vino la literatura, la lingüística, con sus reglas y normas, como en una barca de libre inspiración, esa que llaman , creadora, para escribir lo que puede ser la antítesis de la ciencia, ese don divino que no puede estar sometido a reglas fijas….. y así se contaron duelos en la bajamar, damas encendidas, novicias ultrajadas, caballeros heridos, venteras alcahuetas e hijosdalgos revenidos. Así se cantó y escribió… Relatos justicieros, libelos bien pagados, y promesas olvidadas.

Y yo sigo  aquí, bajo la sombrilla, con este libro de historia en la mano.

eduardo dominguez-lobato rubio

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Ya está aquí, Fundación Puerta de América

Ya estamos aquí, otra vez rozando el beso sabio de la mar.

ya estamos aquí, la Fundación Puerta de América, traída entre los amigos, ciudadanos, sanluqueños, portuenses, gaditanos, jerezanos, traídos entre coplillas, con un barril de buena manzanilla bajo el brazo y con la mira en esos barcos de siempre clavados en el alma. Traída entre amigos, vascuences, sevillanos, madrileños, egabrenses, remotos trocitos de todo, extendidos en este mantel blanco del porvenir de Sanlúcar.

Los barcos, las naos que desde aquí, desde este puerto de Barrameda, puerto de Bonanza, brillaran azuleantes por esos mares de Dios, entre viajes de ida y vuelta. Barcos hambrientos de aventura, descubrimientos y hazañas, hombres que desde aquí salieron, una y mil veces, con los buenos aires por esta barra del Guadalquivir. Hombres con las ropas limpias que dejaron atrás estos naranjos misioneros, el drago prócer, las palmeras odaliscas o la algarabía de los pájaros y de las buganvillas señoritas del Palacio del Duque.

En eso nos amparamos, en esa divulgación tan rumiada y estudiada, en esos libros desempolvados, en las ganas rejuvenecidas, en ese asomarse al mar, a nuestro mar, en busca de respuestas.

Porque el Olimpo jamás pudo descifrar los enigmas del Poniente y una vez, intrigado, vencido, envió a Hércules, el gigante de las grandes zancadas que llegó hasta el final de la tierra conocida, el mismo que se vio absorto, desconcertado, ante el descendimiento augusto del sol sobre la inmensidad del agua nueva. Como Colón, Fernando de Magallanes, como Juan Sebastián Elcano, marineros, marinos que desde Sanlúcar tuvieron la hombría consciente de desear, imaginar y conseguir lo que para muchos o casi todos suponía Lo Inabarcable.

Pero en esta tierra tartésica los Dioses siempre han razonado en línea recta y la inicial soberbia de nuestros navegantes la tornaron aquellos a modo de sufridos éxitos memorables y apoteósicos.

Así que, ya estamos aquí, Fundación Puerta de América, desde donde decimos,

“ Sí más allá “,  desdibujando Finisterre y deseando esos nuevos días dulces para estos espejeantes esteros de las salinas.

Asomados estamos, a estas luces de la tarde, seguramente igual que nuestro glorioso visitante Hasekura Tsunenaga. Capitanes, como somos, de sueños con velas cuadras o triangulares, esbeltas y ligeras sobre el agua.

Dicen que aquí rezaron por última vez en tierra firme aquellos ilustres navegantes, sobrecogidos y maravillados, seguramente, por la orgía púrpura y malva, grana y celeste de los ángeles del ocaso. Hasta que partieron, desde Sanlúcar, como magos futurólogos descubridores de las estrellas propicias. Y hasta alguno hubo que balbuceaba rutas al amparo sólo del incitante vuelo de las gaviotas.

Así salieron a la mar, rompiendo con sus proas la cinta azul del horizonte, intocada hasta entonces. Y salieron en busca de rutas, especies, hombres y mujeres de piel negra, animales inconcebibles y frutos jamás vistos hasta entonces. Y recorrieron mares, del norte y del sur, interiores, océanos, espumeantes, bravíos, tridimensionales y trepadores siempre por los faldones de la amura.

Puerta de América está hoy aquí, con el corazón abierto en esta mano abierta a tantas gentes, tantos saberes y tantas creencias. Y excavaremos aquí, en esta tierra nuestra para encontrar por igual ritos caldeos, lanzas fenicias, ánforas griegas o mosaicos de Roma. Porque cuando uno rastrea en Sanlúcar se encuentra la infinitud del hombre, a lo largo de milenios, infinitud de deseos encendidos, transparentes, bienhallados.

Porque Puerta de América es esta Sanlúcar, reverenciada por los tiempos, donde las guerras y los siglos pasaron de puntillas con armas genuflexas. Esta tierra conquistadora de conquistadores que siempre fue la misma, fiel a sí misma, y puso la mesa para los recién llegados hasta que los recién llegados fueron cosa suya. Esta tierra siempre creyente que mudó cien veces las aras y los templos y, al final, dejó sitio para todos los altares. Sanlúcar, que supo distinguir lo intemporal de lo accesorio y dejó pasar con indolencia los berrinches de un lado y de otro, del Norte y del Sur, de arriba y de abajo. Y luego se puso a cantar y a sonreír con el susurro de las viejas velas que cruzaban de vuelta entre Malandar y el Espíritu Santo.

En fin, que aquí estamos, para divulgar esas nuevas profecías que le predicen corona de reina en la antesala apocalíptica de un nuevo mundo que, seguramente, sí conoceremos.

Aquí estamos, sonámbulos en la tarde, pero con voz recia para el canto. Porque esta Sanlúcar, la tenemos al alcance de la mano, digo la de la Conmemoración del quinto centenario de la Primera Circunnavegación, Sanlúcar 2019 -2022, porque por altas que las cosas nos parezcan, inaccesibles por su distancia, imposibles, en su lejanía, muchas veces, las más de las veces, bastaría con empinarnos y alzar el brazo. Casi siempre lo imposible  no es más que un espejismo timorato, sumiso ante la mano decidida. Y las cosas son y están, sencillamente, y no hay más que desearlas y buscarlas, para que hagan su nido entre los dedos.

eduardo domínguez-lobato rubio.

patrono fundación puerta de América


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El lagarto cruza la carretera

Estamos en verano y estamos en mi pueblo, por eso, con estas dos premisas en la mochila, hoy, he visto un lagarto verde cruzando por la carretera, digamos de la Jara o de la Algaida.  Diciendo, aquí estoy yo, con los calores, esos que la sangre alteran.

Todos hemos conocido a mayores que entre sus achaques abrigaban su vejez entre sábanas y mantas hasta que algún lagarto cruzara la carretera, síntoma veraz de aquellos primeros calores.

-          No me levanto hasta que el lagarto cruce la carretera.

En fin, que inmersos en agosto estamos, en este mes encantado y celebrado por todos, por lo de las vacaciones oficiales, por lo de los chiringuitos de playa, por lo del bañador y el pareo desde la mañana hasta la noche.

Y oímos cada noche los coros de golondrinas nuevas, vemos los garabateos de las mariposas y nos alegramos con los pajarillos de siempre, esos de la música en el pico. Porque estos primeros días de agosto son como si estrenásemos edad, como si inventáramos el tiempo, como si algo en nuestro interior verdeara de nuevo como las flores, como los árboles, como las plantas.

Y , claro, viene la ebullición de los glóbulos, el tirititran  de los adentros, ese latigazo que los poetas de todas las épocas han llamado de mil maneras.

Y las tardes siguen acompasadas a las idas y venidas de lanchas vigilantes y helicópteros celosos, porque dicen que Doñana es reserva de aves, de naturaleza ensimismada y ahora, también, en este agosto desmelenado, reserva de política nacional, presidencia del gobierno, pescadora de voluntades, escribidora de decretos y ahora, paciente novelista de renglones futuros para esa nueva España que siempre se nos prometa a cada vuelta de esquina.

Pero nosotros a lo nuestro, a nuestros arriates, a nuestros abonos, a la cerveza sin alcohol, al yogurt desnatado, que esas medidas sí las seguimos y controlamos, por eficaces, por veraces, por sencillas, por comprobadas, las otras, el límite de velocidad, la reducción del déficit, la deuda pública, los índices de riesgos….

-Palabras siempre palabras, lo mismo , siempre lo mismo.

Nos viene ahora a la memoria el verso de aquel poeta desesperado:

-          ¿ Quién me ayuda a deshacer agosto ¿

Palabras, palabras para la literatura, palabras para el vacio. Porque agosto viene a ser como la vida misma, ilusiones, cansancios, desengaños, amores y desamores, como la vida, como la muerte.

En todo caso, así son las cosas, anunciado agosto, entre heraldos de toda la vida, con las avanzadillas, por ejemplo, de pequeños milagros como este: el del lagarto, brillante, verde intenso, ese que hoy he visto cruzar la carretera.

eduardo dominguez-lobato rubio

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El verano oficioso

Hoy comienza oficiosamente para algunos el verdadero verano, es el mes de agosto. Aunque el cronológico lleve ya días de sorteos entre calores, noticias enloquecidas e incertidumbres financieras.

Siempre, siempre, cada cual cuenta la feria según le va y hoy, es el famoso día de la operación ida para la mayoría de los mortales. Sonaran clarines, a eso de las dos de la tarde, esos que deshacen los tajos, abren los ocios no remunerados, el relax soñoliento y los despertares sin relojes. Clarines de libertad razonable, desataduras prestas y el olvido, sobre todo, de ese frenesí de los teléfonos móviles.

Así que a disfrutar,  a cambiar los hábitos, a reencontrar alguna charla perdida, algún amigo de aperitivo y al devenir tranquilo de todas las tardes, o al menos eso fuera lo deseable, luego, ya lo sabemos, los niños del vecino, el olor a las sardinas, del vecino, el coche mal aparcado, del vecino… no todo son sueños pausados aterrizados silenciosamente  en los primeros días de agosto.

Pero no seamos trágicos, nos quedaran aventuras por vivir, seguro, a la vuelta de la esquina de este fin de semana., aparcaremos a esa Europa del progreso y del bienestar y nos refugiaremos en el chiringuito de la esquina, en el mojito, en las siluetas morenas, en los sonidos marinos, en las barcas de redes y de anzuelos.

Y en esos, en los chiringuitos, descansaremos de las velocidades, de las prisas, de las carreteras, descansaremos de nuestro ángel de la guarda que tan fatigado tenemos, por tanto trabajo a destajo, durante todo el año.

En fin , que los políticos se vayan de vacaciones, que nos descompliquen la vida, que se olviden de nosotros, por lo menos tres semanitas, que dejen sus chiquillerías para la vuelta al cole, que aparquen sus codazos para septiembre. En septiembre los examinaremos, aunque suspenderán de nuevo, entre los negros nubarrones de las cuentas autonómicas.

Nosotros a lo nuestro, a la dulce rutina de lo conocido, al veraneo planificado, al delirante mes de agosto, entre festivales de música, carreras de caballos, fiestas patronales y risas a los aires de la noche.

En fin, la canícula sigue aquí, quizá empiece ahora, entre voraces consumidores de terrazas y algún que otro incendio forestal.

Y cambiando de tercio, en estos días, al amparo de una buena copita de manzanilla no dejen de llevarse a la boca el periódico de todos los días, la lectura del  libro de la mesilla de noche y esas letras y textos de aquí y de allá ,que pausada y lentamente tanto hacen para relajarnos   y desintoxicarnos de lo de todos los días. Yo, particularmente, ya lo tengo decidido, una vueltacita por el fresquito de la noche y al final, un trocito de tarta al wisky de La Ibese Bornay

eduardo dominguez-lobato rubio

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